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Millennium: la novela negra con perspectiva de género

Millennium: la novela negra con perspectiva de género

Me quedan apenas 75 páginas para acabar La reina en el palacio de las corrientes de aire, y… sí, reconozco que me ha gustado. Y sí, reconozco que no quiero acabarlo porque ¿qué voy a leer yo ahora que pueda llegar a gustarme tanto?

Frente a esta crisis bibliófila-existencial que se me avecina, pongo en duda el recelo que despiertan los grandes bestsellers, sobre todo entre una buena parte de la crítica literaria. Si un libro se vende mucho es porque es malo. Entonces ¿si no se vende ningún ejemplar estamos ante la obra de un genio? Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene escribir algo si nadie lo lee? ¿Puede un escritor dejar de pensar por un momento que lo que está creando no existirá de verdad hasta que sea leído? Es el lector, en definitiva, el que otorga el sentido y da valor a algo que sólo lo tiene en potencia.

El conejo-pato o el pato-conejo
Me compré Los hombres que no amaban a las mujeres hace unos meses y ha sido ahora, que me apetece leer algo ligero y que no requiera grandes esfuerzos neuronales, cuando la he recuperado de su estado vegetativo. Desde entonces no ha pasado ni un sólo día sin que haya leído al menos unas decenas de las casi 2300 páginas de esta “trilogía de culto”.

Me voy acercando al final y pienso que
mientras lo escribía, Stieg Larsson también se acercaba al suyo, sin saberlo. Saber que es la última novela de la trilogía Millennium —NO va a haber una cuarta entrega— ¿convierte la lectura en una experiencia más extrema? ¿Puede ser ese uno de los secretos de su éxito? Su estilo periodístico, directo, sin florituras hace fluir la acción, que es de lo que se trata en una novela. A un lector de novela negra no le interesan los grandes virtuosismos estilísticos, quiere una verdad cruda y una trama bien urdida que lo succionen como un aspirador de 2.400 W. Como dice el mismísimo Mikael Blomkvist.


“Todo lo malo

La trilogía adolece de muchos fallos formales y estructurales cuyo análisis sobrepasaría con creces el objetivo, el espacio y el tiempo de este post.

– Uno de los más graves, y tal vez precisamente el que la convierte en una saga de culto —porque ¿de qué otro modo se llega a la página 782 de La reina en el palacio de las corrientes de aire ?— es que la historia progresivamente va perdiendo intensidad porque todo se convierte en demasiado previsible.

– Desde luego, que nadie espere encontrar en
Millennium una obra literaria en el sentido clásico de la etiqueta.

– Larsson no ocupará un lugar entre los Dickens y Dostoievski en la Historia de la Literatura Universal. (Posiblemente lo ocupe en la Historia del Periodismo Universal).

– Slussen, Katarinahisse, Fiskargatan, Götgatan, Kungsholmen, Polhemsgatan, Fridhemsplan, Saltsjöbaden, Bergsgatan… para alguien que conozca Estocolmo puede ser de interés saber exactamente en qué lugar de la ciudad transcurre la acción, pero para el resto del mundo no deja de ser un ejercicio de malabarismo lingüístico exótico leer una serie de nombres del callejero que no aportan nada relevante a la historia.

– Es evidente que el canon de belleza masculino en los países latinos y el canon de belleza en los países nórdicos no coinciden en nada. ¿Es éste el Mikael Blomkvist sexi e irresistible, el prototipo del Nordic lover?

– Es previsible que las librerías se inunden de novelas negras, preferiblemente suecas o, en su defecto, nórdicas durante un tiempo. El mercado funciona así.

Y sí, Millennium denuncia una realidad de vulneración de los derechos de la mujer en un país que es la vanguardia mundial en cuanto a índices de desarrollo humano, bienestar social y gobernanza. Pero también es un claro alegato en favor de un periodismo veraz, honrado, fiel a sus principios, que no se vende al poder, sino que incide sobre él y lo desenmascara. Ese periodismo que en estos días se ha convertido en una especie en peligro de extinción. Otra cosa es que el artificio con el que se ha contado eso, sea arte.

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